miércoles, 18 de septiembre de 2024

LA POESIA DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 EL LENGUAJE DEL AMOR EN LA POESÍA DE SAN JUAN DE LA CRUZ 


Menéndez y Pelayo no se atrevía a hablar de la mística del santo ni de su espíritu humano.
Prisionero durante nueve meses en la cárcel, en el Convento de los Carmelitas Calzados de Toledo, por preferir los rigores de la regla primitiva, compuso la mayor parte de las estrofas de su CANTICO ESPIRITUAL.
Maravilla pensar con qué magia pudo transformar  aquel lúgubre encierro forzoso en “bosques de espesura, plantadas por la mano del Amado” y “en sotos hermoseados con sola su figura” y cómo de las durezas de esas gélidas lozas pudo escribir:
“( …)
Nuestro lecho florido,
En cuevas de leones enlazados,
En púrpuras tendido,
De paz edificado,”
Cuán generosamente olvidó la persecución infame fraterna. De su misma Orden, de la que fue irremediablemente víctima, transportado por la inocencia pastoril de esta divina estrofa, en los deleites inefables de su mística boda de su unión con Dios.
El corazón es la tierra de la poesía; la subjetividad cordial es su sede: allí se guardan los misterios de vida como el amor, la celebración y la lamentación con el sentido de padecer y la muerte. Pero en el corazón los hechos vividos y sentidos maduran su otro saber. El sufrimiento le permite desasirse de las limitaciones tempero espaciales con los acontecimientos que le tocaron vivir. El alma poética renace en un nuevo universo donde las relaciones imperan en lo concreto pero se sustraen a las leyes de la vida objetiva. La experiencia poética, liberada del tiempo, se inscribe a partir del pasado en lo eterno, al alcance de todo sentimiento humano. El poeta habla al oído del hombre que oye de verdad. El lenguaje lírico nos lleva a los permanente, porque San Juan ve las cosas y las formas en su espacio originario, anterior al juicio conceptualizante, ésta su gran paradoja. 
El mundo real se enfría bajo la rugosa objetividad. La poesía pone al descubierto lo esencial; supera la caducidad para lograr lo sustancial. 
Su misión es sublime, pues anuda el término cósmico, conduciendo nuevamente ese brillo al seno de la luz lumínica, a la unidad, al núcleo esencial, al fundamento  en el colorido y la musicalidad de la palabra. 
San Juan de la Crus concentra el cosmos en cuya palabra permanece retenida el mundo afectivo. La más alta poesía es la que se muestra despojada de medios exteriores y con el mínimo de elementos enciende la llama de un nuevo mundo. La palabra resta, aunque reducida a pura vibración interior, como signo estilizado, como un espejo que se espeja a sí mismo y al universo, como un olvido de sí en la máxima concentración de su riqueza, como la última huella de una exterioridad para siempre precipitada en la interioridad de lo cordial. Para los místicos era el olvido de sí, un instalarse feliz en la armonía .Retornar al todo es la cumbre del pensamiento, es la cima sagrada, el sitio de la eterna quietud. Esta es la esencia del acto poético místico, el instante de la mejor concentración de la existencia humana, la unión cósmica con la totalidad.
 En el instante de la inspiración se disuelve la soledad individual. En ese instante lírico amatorio existe un perderse, pero es el mejor camino a fin de recuperarse en la totalidad que unifica. 
He aquí la estrofa XI del CANTICO para explicarlo mejor:
“( …)
¡Oh cristalina fuente,
Si en esos tus semblantes plateados
Formases de repente
Los ojos deseados,
Que tengo en mis entrañas dibujados!”

Este carmelita nos enseña a hablar divinamente de las cosas divinas, Él es ya la eternidad accesible a los sentidos. Por lo mismo, el poeta desea que la creación transfigurada se vuelva un día el signo absoluto del verbo que, al restaurarla, la recrea. Más allá del lenguaje científico, la palabra poética -por su poder vibratorio y solemne-verbaliza en plenitud el encuentro humano con la trascendencia. 
De todas las actividades humanas, la poesía lleva en sí la huella del origen divino.

EL CÁNTICO ESPIRITUAL trata del amor entre el alma y Dios y esa unión amorosa es el núcleo sustancial de toda esta obra. Es la búsqueda del Amado escondido en las tinieblas. Es un poema alado y ligero, aunque posea la sustancia filosófica y teológica necesaria. El santo se ve arrastrado a la imitación inefable de la cima del proceso mítico, que en suma es la unión con Dios. Y es de la palabra verdadera, en toda su hiriente expresión, que nace el prodigio. Cuán densa es toda la primera estrofa:
“Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
Habiéndome herido;
Salí tras ti clamando, y ya eras ido.”
¡Como está cargada de pasión y de drama, de acción y sentimiento y de un sentido totalizador! ¡Cómo se condensan la esperanza activa y el desaliento junto al grito y el aullido desolador!
La naturaleza juega un rol importante testimoniando la presencia divina en la creación. En la estrofa quinta, el santo dice:
“(…)
Pasó por estos sotos ( …)
( …)
( …)
Vestidos los dejó de su hermosura.”
Y en el apóstrofe lírico, como expresión de angustia en la estrofa anterior, la cuarta-
“Oh bosques y espesuras
(…)
Oh prado de verduras.”
En ambas estrofas exhorta a la naturaleza, con una connotación dolorosa. Es el primer abandono del preso en la cárcel de Toledo.
Nada puede explicar esa sensación de frescura y originalidad que nos produce. Demos dejar obrar nuestra intuición. De dónde provienen esa impresión de novedad, de infinita llanura virginal sobre la que corren brisas recién creadas que nos deja su arte?
Existe en él una condensación y una intensidad abrasada y penetrante.
Fundamentalmente San Juan de la Cruz es un poeta a lo divino. 
Todo lo que en su propia obra no proviene del CANTAR DE LOS CANTARES bíblico, tiene dos precedencias : la amatoria profana de tipo tradicional y la poesía pastoril renacentista italianizante en una conversión al plan netamente religioso. Es interesante notar cómo se entrevera lo cortesano y lo popular en una curiosa simbiosis con la poesía tradicional española y cómo esa mezcla finaliza en lo divino. 
Sus profundos estudios académicos en la Universidad de Salamanca dejaron un caudal de conocimientos que acabaron por organizar un sistema rígido de pensamiento. Su mente clara y poderosa, durante la época de producción intelectual, se abstenía de leer. Su producción derivó de la pura contemplación, aunque el estudio antiguo sedimentado y toda la literatura popular leída dejaron netamente su huella. Lo escrito y pensado en soledad, prisionero en una celda gélida en invierno y en verano ardiente, rocas frías que hervían al sol del estío, sin ninguna lectura ni compañía posible.
La divinización se intensifica entre los años 1570 a 1590, tiempo de su madurez creativa. En toda su obra los elementos de poesía amatoria fueron divinizados. Toma composiciones conocidas y las vierte al sentido espiritual mediante nuevas glosas y retoques en sus núcleos esenciales. Elige de Garcilaso y de Córdoba, elementos fragmentarios así como también giros y expresiones. El concepto “fuente” que tan vital importancia posee en la Égloga II de Garcilaso y que luego fue cargada de un sentido religioso por Córdoba, finaliza siendo una fuente de fe para el santo. 
Del amor profano al amor divino, su poesía es una movilización de partículas y de significativos fragmentos  polarizados, aunque todo en ella provenga del modo profano. La técnica de los cancioneros y de la tradición italianizante le brindó dos elementos: el fino análisis y el contraste puesto al servicio de Dios. La técnica utilizada es siempre la divinización. Y es en el sobresalto estético donde notamos cuán profundas raíces humanas contienen esas metáforas formadas sobre un éxtasis en la contemplación. Ningún poeta místico nos legó esta embriagadora delicia.
El CANTICO ESPIRITUAL utiliza la lira tradicional que -profana en Garcilaso y espiritual en Fray Luis de León- se eleva al plano divino en San Juan de la Cruz.
La antítesis es un recurso estilístico de los sentimientos de todas las épocas. Existe en la poesía popular, enfatizada por las escuelas cortesanas y cultas y extraída de los cancioneros y del petrarquismo en la segunda mitad del S XVI. Tiene un extraordinario desarrollo en el S XVII. Estos serían sus orígenes literarios.¿Por qué abundan en un poeta tan poco afin a los manierismos? La clave estaría en lo no entendible de los estados de la Vía Unitiva. El pensamiento lógico y el criterio psicológico sostienen que “dos contrarios no pueden caber en un mismo sujeto, aunque los cuadros lógicos se quiebren en los enigmáticos estados de las alturas místicas. La ciencia no los puede comprender; la experiencia no lo sabe expresar. Toda la formalidad de nuestra pobre mente se derrumba. Pero el poeta santo nos muestra a través de la imposible superposición de los contrarios en un mismo sujeto cuán abarcador y pleno es el misterio del amor. Los contrarios en un mismo sujeto le sirven como fórmula de expresar lo inefable.
Encontramos en su vocabulario diversas fuente del léxico popular y rústico; palabras del sentido bíblico que proceden del CANTAR DE LOS CANTARES, del epitalamio salmónico, palabras cultas, latinizantes y como único vocablo popular la “fuente”.

CONCLUSION

A San Juan de la Cruz no le interesaba el arte; staba a una astronómica distancia del arte por el arte. Todo se liga  del amor profano en amor divino, que es  la expresión mística, de la cual el santo forma una parte esencial. Avanza atraído por el centro de su real obsesión: Dios y su unión amorosa del alma a través de lo que él denomina la Vía Unitiva.
San Juan es un monje, pero supera en el arte a cualquier artista del Siglo de Oro. La literatura mundial no ha producido nada más nostálgicamente perturbador, donde cada vocablo parece haber recibido la plenitud de la gracia estética.

Bibl: Menéndez y Pelayo (Introducción al tomo I de la historia general de las literaturas hispánicas de Guillermo Días Playa, Barcelona 1949, página 28 y subsiguientes.
VIDA Y OBRA DE SAN JUAN DE LA CRUZ. BAC. Madrid, año 1978. Edición católica. S. A
Dámaso Alonso. POESIA ESPAÑOLA “El misterio técnico de la poesía de San Juan de la Cruz: Poeta a lo divino”, 5ta edición. Madrid 1976m págs 219-305
San Juan de la Cruz: CANTICO ESPIRITUAL, según las Madres Carmelitas de Jaen. Edición y notas de M. Martínez .Burgos, año 1670. Edit. Espasa Calpe,
Madrid, 1936.
Dámaso Alonso, LA POESIA DE SAN JUAN DE LA CRUZ. Biblioteca Románica, Hispánica( dirigida por el mismo autor.
Mandrioni, POESIA, EXISTENCIA Y TEMPORALIDAD ( apunte del Profesora Nro I, Roque Sáenz Peña, Bs. As. Capital

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